Saturday, August 12, 2006

CULTURAL: LA FERIA DEL LIBRO

MARIO D. RÍOS GASTELÚ
Inaugurada la feria Internacional del Libro, los pocos aficionados a la lectura con los que cuenta Bolivia, llegaron esperanzados a los predios de Següencoma donde se ofertan obras de autores consagrados en los últimos doce meses, tomada como referencia la feria anterior. No faltan, como siempre, los clásicos, sempiternas figuras de una literatura amena y profunda que cautivaron a generaciones continuamente renovadas y que hoy, como ayer, son preferencia del público cultivado.

La novelística latinoamericana aporta relevantes cambios en la nueva dimensión creativa de la narración, lo que estimula aun más el interés multitudinario de sus lectores, no así en lo que respecta a la poesía considerada por muchos manifestación de íntima inspiración “que no lleva a nada”. El error de apreciación aún no ha sido corregido en la magnitud y en la urgencia que requiere semejante predisposición contra un género cada vez con mayor cantidad de poetas. Puede ser que la causa del rechazo a dicha lectura se origine en los malos declamadores que andan por el mundo y que hacen del verso una manifestación histriónica exagerada en cada una de sus presentaciones.

Otras obras se defienden al ritmo que la difusión les dispensa el periodismo, pero lo que también llama la atención es que en las escuelas y colegios, las lecturas destinadas a esas clases no sean, por lo general, las más apropiadas, además de existir ciertas influencias externas de autores que hacen posible incluir en la materia castellana cuentos infantiles sin trascendencia. Entre autor y profesor parece existir un acuerdo para imponer libros que no tendrán éxito de librería.

Pero si de imposiciones hablo, todos podemos poner gesto preocupante cuando el ministro de Educación trata de imponer la lectura del libro que él escribió, como requisito para que los maestros puedan ser admitidos en el Magisterio. El negocio viene, ahora, desde la esfera del gobierno en una inocultable aunque elegante corrupción, delito que es combatido por el Presidente Morales. El ministro Patzi no ha mostrado en ningún momento la solvencia intelectual ni la formación profesional adecuada a las exigencias de un ministerio fundamental para el destino del pueblo boliviano, lo cual debilita la figura del primer mandatario de Bolivia. En todo caso, sus intervenciones públicas revelaron una ausencia total de nivel intelectual para conducir a quienes llevan la responsabilidad de educar a la niñez y a la juventud.

La feria que motiva diversas opiniones fija otros derroteros que, desventuradamente, no son tomados en cuenta por gobernantes y profesorado. Hay necesidad de inculcar el interés por la lectura a partir de obras que realmente interesen, distraigan y cultiven a los jóvenes lectores. Pero si en el afán de llenar el tiempo gramatical se programa cualquier obra de incipiente escritor, nadie querrá asomarse a un libro, pues al ignorar a los celebérrimos autores y desconocer los muy bueno que tenemos en casa, esos jóvenes optarán por “instruirse” frente a las pantallas de televisión y asimilar cómo es de fácil enriquecerse siguiendo los pasos de los protagonistas de las películas, sólo recomendadas para un público con trece años de edad y adultos con criterio formado. Entre criminales, asaltantes y prostitutas la escuela del crimen llega enlatada desde el celuloide de las grandes empresas cinematográficas de las potencias mundiales.

Sólo aquellos lectores de las generaciones del pasado siglo recordarán con admiración cómo un escritor de novelas de ficción se anticipó a lo que la ciencia logró en el correr del tiempo. Me refiero a Julio Verne quien menciona el hilo suplementario para la comunicación (teléfonos), un fulgurador de guerra que destruye a la humanidad (bomba atómica), el rayo verde (laser) el viaje por las profundidades del mar (submarinos) y todo aquello que más tarde se llamó aviones, trenes, automóviles, nacidos de la imaginación. La relectura de esos libros, hacen posible penetrar en el mundo fascinante de la ciencia moderna y de la mente humana.

Pues bien: la feria reúne a un centenar o algo menos de libreros. Los precios no son los mejores en una feria. Las ofertas se reducen a lo que no se vende en un año. Las novedades tienen precios prohibitivos. La producción es la misma del año pasado apilada con coqueto esmero. Mucha gente no puede ingresar, por lo menos a curiosear, porque hay que pagar derecho de ingreso al conocimiento de la lectura.

Venezuela mando libros de regalo. Bolivia podría hacer lo mismo a fin de alentar y mejorar las condiciones de la alfabetización. Obsequiar los libros de autores nacionales y motivar un estudio realizable para abaratar el costo de ediciones y el precio de libros en distribuidoras.

Por hoy basta. Debo volver a la feria en busca de las novelas Gracias por el fuego y La tregua, de Mario Benedetti. La balada del café triste, de Carson McCullers. Persistencia del agua, de Jorge Brash. Cuentos de O.Henri. Los relatos de Belkin, de Pushkin. La divina comedia, editada en verso, de Dante Alighieri entre otras bellezas.

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