Friday, September 29, 2006

Responsabilidad en lo que se hace y dice

ARMANDO MARIACA V.

En los últimos cincuenta y cuatro años, generaciones de bolivianos hemos vivido situaciones difíciles, conflictivas y hasta desesperanzadoras; felizmente, todo se fue superando con el tiempo, aunque dejando resabios de más pobreza y subdesarrollo porque los gobiernos – constitucionales y dictatoriales (especialmente la dictadura del 52 al 56, con pretexto de la “revolución nacional”) –no han tomado conciencia de país y menos han actuado siquiera con un ápice de vocación de servicio. Esta situación dio lugar a que se esgriman políticas y planes de diversa laya con posiciones de derecha, izquierda y centro con los experimentos más increíbles y, en casos, absurdos.

Todo lo pasado dejó la necesidad de cambios – como los que se esperaba que habría a partir de 1952 y no ocurrió así –, cambios que impliquen conductas diferentes con el resurgimiento de valores y virtudes que todos los bolivianos poseemos, con excepciones lógicamente, y que es cuestión de despertarlas por lo adormiladas que están o por causa del nomeimportismo o las políticas del “dejar hacer y dejar pasar”. Los cambios se vieron venir a partir de las elecciones de diciembre pasado y la asunción al gobierno del señor Evo Morales Ayma y su partido político, MAS. Lamentablemente – si bien no puede esperarse todo en contados meses – poco o nada se hizo en muchos aspectos y, además, han surgido sentimientos y complejos que no deberían ponerse en el amplio “tapete del país”.

Hay hechos y dichos que están demás, que no corresponden a la realidad de todos los bolivianos, que lo único que hacen es despertar suspicacias, susceptibilidades y, en casos, regionalismos y nacionalismos cerrados que encuentran buen asidero en quienes se fanatizan, obnubilados por su obsecación y hasta ignorancia, sobre lo que el país necesita con urgencia: unidad en franca convivencia entre todos. Al estilo de otros gobernantes (que también pecaron por “la sin hueso”) se hacen declaraciones que lastiman a propios y extraños y es, el propio Presidente de la República, llevado por su entusiasmo, su ingenuidad o su falta de conocimiento, a profundidad, de muchos problemas, que dice lo que, luego, muy luego, y sólo en casos, enmienda porque, felizmente, parece que en algunos aspectos se ha convencido de lo difícil que resulta manejar al Estado, sin apasionamientos ni fanatismos ni poses demagógicas que le harán daño a él mismo y a su partido.

Últimamente, toda la comunidad boliviana – incluídos los dirigentes, militantes y simpatizantes del MAS – han visto que, de una conducta conciliadora, serena y una inteligencia capaz de dialogar, concertar, convenir y concordar el Vicepresidente de la República, mostró “la otra cara de la medalla que él bien cuidó, durante mucho tiempo, de no mostrar”. Incitar a las armas o hablar tan sólo de matar o de las lecciones que recibió en su vida, no venía al caso y no correspondía que él lo diga y lo pregone para, horas después, mostrar arrepentimientos, pesares y disculpas que nadie cree. Otro “lapsus” podría decirse de lo expresado por el Canciller que culpa a determinada zona de la sede del gobierno de “odiadora del Presidente Evo Morales” y, además, califica a parte de los bolivianos de racistas, aunque él sabe muy bien que la prédica del racismo, de la clase, de la raza y otros “slogans” han aparecido recientemente pretendiendo ignorar que en Bolivia hay conciencia de que todos los seres humanos somos iguales sin distinción alguna y, por otro lado, hay convicción de que es tiempo de hacer justicia a grupos marginados del desarrollo, del progreso, de las buenas condiciones de vida como educación salud y bienestar familiar; cuando hay conocimiento de que todos esos grupos deben ser incorporados al bienestar que se quiere para todos los bolivianos que buscan, desde hace tiempo, sacar al país de la profunda sima en que se encuentra por causa de la pobreza, el subdesarrollo y la dependencia.

No caben, pues, actitudes irresponsables, ni en el decir ni en el obrar, porque esas conductas hacen daño a todos por igual; es decir a gobernantes y gobernados, a ciudades, departamentos, áreas rurales y citadinas. Corresponderá que se actúe con la responsabilidad, sindéresis, respeto y consideración que merecemos todos los bolivianos sin distinción alguna y, si hay alguno o muchos que se ponen al margen de la ley con actitudes extremas, que se los sancione pero con la fuerza de la ley y jamás con el derecho de la fuerza que, muchas veces, se ha ejercitado en nuestra vida republicana.

- Comentarios al e-mail: boliviscopio@hotmail.com